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Cerro Ingrumá: un viaje a la “Roca Dura”




Nuestro pueblo está ubicado en las laderas de la cordillera Occidental, sistema montañoso que alberga un conjunto de cerros llamado la serranía de Belalcázar, ramal que en el macizo de La Robada se divide en 5 brazos, como una estrella de 5 puntas, las cuales culminan cada una en nuestros cerros tutelares, dentro de los que está el Ingrumá.

Ingrumá, “Roca Dura” en lengua indígena, era para ellos un lugar sagrado, destinado para sus ceremonias religiosas, sepultar a sus líderes y, según algunos, para guardar sus tesoros.

Nuestro cerro es uno de los referentes obligados de la identidad riosuceña, ligado a su historia y a su idiosincrasia. Es referente cultural de singular importancia para el pueblo que está construido a sus pies y al que todos hemos ido al menos una vez en la vida. El valor del Ingrumá para Riosucio puede verse desde el punto de vista ecológico, turístico, religioso e histórico.

El sistema de este emblemático lugar comprende desde el cerro La Pintada (límites con el departamento de Risaralda), vereda de Alto Imurrá, sector de Alto Medina, barrios San Nicolás, El Palacio, La Esmeralda, Salida al Oro, calle de Los Aguacates, barrios Ingrumá, El Nevado, El Jardín, Calle Larga hasta las veredas de Pueblo Viejo y La Robada.

Lugar único

Parte del cerro está cubierto por un bosque primario que alberga muchas especies de fauna y flora, además de servir de nacimiento de muchas fuentes de agua que abastecen de líquido a veredas y sectores del caso urbano.

Dentro de los animales que encontramos en el Ingrumá se destacan insectos (cucarrones, escarabajos, mariposas), reptiles (serpientes, lagartijas), aves (barranquillos, siriríes, pinches), mamíferos (chuchas, comadrejas, murciélago), pero hay uno muy especial, porque solo se da allí, es decir, solo vive en Riosucio, se tratade la mariposa Mesene ingrumaensis, especie descubierta por el científico riosuceño Julián Adolfo Escobar Salazar en 1999, que es endémica en estos parajes.

Mucho por ver

Varios son los parajes que se encuentran en el cerro Ingrumá además de su cima que tiene un mirador natural hacia el pueblo, coronada por una cruz que se ilumina en las noches desde 1939. Se destacan también la Cueva del Sapo, que tiene la forma de la boca de este animal y que alberga la Piedra del Sacrificio, roca prolífica en leyendas; la Cueva de los Murciélagos, albergue de millares de ese desagradable mamífero volador; la Piedra del Gallinazo, sitio sagrado de nuestros antepasados y lugar propicio para deportes extremos; la Cruz de Pino, pequeña cima donde estaba la Casa del Ermitaño y donde estaba un ciprés en forma de cruz; y muchos otros.

Las leyendas
Por sus características de tutelar, sagrado, religioso y mágico, al Ingrumá lo circundan muchas leyendas. Además de los espantos comunes de los bosques, tiene sus historias propias transmitidas oralmente de generación en generación y compiladas por investigadores de nuestro folclor como Julián Bueno Rodríguez en obras como Tunarpamá, el príncipe flautista; los Jinetes Turzagas; el Tesoro del Ingrumá; el Pajarito del Embeleso; la Santa Cruz y las Doncellas; la Anciana Leñadora y la Señora Bonita; el Ermitaño.

Tunarpamá fue un antecesor de nuestros músicos riosuceños, pues se adentraba por los bosques con una flauta y al llegar a la cima lo veían gigante, interpretando atronadora y dulcemente su instrumento e inundando de notas los contornos, por eso es que en Riosucio hay tanto músico, porque el terreno fue fecundado por este príncipe turzaga.

Los jinetes en cambio, no son tan amigables, pues en ciertas noches se ve cuando se abre un enorme boquete en la inmensa roca, a manera de puerta y salen unos esqueletos sobre sus caballos, ataviados con indumentaria indígena para darle dos o tres vueltas volando sobre el pueblo y luego volverse a introducir en las entrañas del Ingrumá.

1190 hectáreas ocupa el área total del cerro Ingrumá.

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